Cap 2. EN ANTECEDENTES.
4 años antes, 15 de Octubre, en alguna parte de Afganistán. 10:04 horas.
Adler nunca lo supo por supuesto, pero aquello que se guardaba en las placas de cultivo había salido directamente de una pequeña cueva en los desierto de Afganistán. Durante una misión de reconocimiento un avión espía norteamericano había fotografiado una cueva de la cual salían de manera muy visible huellas de neumático. Aquello por supuesto no era algo normal los Talibanes eran sumamente cuidadosos ocultando su rastro, era básicamente lo único que les podía mantener con vida el tiempo suficiente para luchar contra el gobierno que les había impuesto el imperio Yanqui.
La misión de reconocimiento no se hizo esperar y se llevo a cabo apenas una semana después. Esta fue precedida de 5 días de estrecha vigilancia por parte de dos unidades de élite especializadas en vigilancia próxima. Cuando el primero de los soldados Americanos descendió del Blackhawk y toco suelo pudo comprobar que la boca de la cueva yacía silenciosa y oscura, algo que no hacia presagiar nada bueno para ellos.
Penetraron en la cueva una escuadra de seis soldados, y avanzaron en la oscuridad de la cueva ayudados por los dispositivos de visión nocturna acoplados en sus cascos.
No había nadie en casa...
El grupo llego a una sección de a cueva cuyas paredes habían sido tratadas en hormigón, en el centro de la pared que habían levantado los antiguos habitantes de la cueva se alzaba una pesada puerta metálica que tenia aspecto de cerrar de manera hermética, aislando de esta manera el interior de la cueva y evitando cualquier contacto con el exterior.
Descorrieron el cierre en válvula, no sin esfuerzo y finalmente la pesada puerta de acero templado quedo libre de la presión del mecanismo de cierre, se escucho en toda la sala un sonido parecido al que se obtiene al abrir una botella de refresco, pero mucho mas amplificado y todo se cubrió de un fuerte olor a quemado. Esta instalación no era nada barata.
Con la disciplina de la que hacen gala los soldados de élite norteamericanos penetraron en el interior de la habitación que se escondía tras la puerta y comenzaron a ver que las paredes alicatadas en azulejo blanco comenzaban a oscurecerse a causa del hollín, síntoma claro de que unas potentes llamas habían barrido la habitación al completo.
Rápidamente comenzaron a desplegarse para cubrir las cuatro esquinas de la habitación que se abría ante ellos, el olor era muy fuerte y entre el penetrante olor a quemado comenzaban a asomar otros olores de origen químico que les obligo a ponerse las mascarillas protectoras.
No había signo de vida dentro de la habitación tampoco. Uno de los soldados encendió una bengala y la lanzo en el centro de la habitación, bañando toda la estancia con una potente luz rojiza que logro arrojar luz a el caos que había por toda la estancia, todo el mobiliario de trabajo estaba volcado, roto o quemado, por todo el suelo había finos cristales que debieron pertenecer en su día a equipamiento de laboratorio, las paredes estaban alicatadas hasta el techo con azulejo blanco, similar al que habían visto al cruzar la puerta metálica por primera vez, pero a pesar del terrible incendio que debió acontecer allí, las huellas que dejo el fuego respetaban toda la pared opuesta a la puerta de entrada, como su el fuego se hubiera provocado para evitar que se saliera de la habitación, cubriendo toda la puerta. En una esquina el blanco azulejo estaba salpicado de un liquido negro que despedía un olor dulzón a medida que se acercaban. Se trataba de sangre mezclada quizás con algún que otro resto biológico que a la luz de la bengala tomaba colores verdosos y amarillentos.
-Sargento- La voz potente de uno de los soldados resonó en el lugar a pesar de que no la pronuncio en voz alta.
-informe soldado- respondió el.
-Tenemos dos cadáveres aquí.- El líder del grupo se acerco a donde se encontraba el hallazgo, no muy lejos de donde se encontraba la mancha negra en el inmaculado blanco pulido de la pared.
Se trataba de dos hombres, parecían fundidos en un abrazo de ceniza sangre y fuego, se encontraban casi como si se hubieran escondido detrás de uno de los bancos de trabajo que hubieran aproximado a la pared.
-Hay algo raro en el que esta encima señor, parece estar sujetando algo que sobresale por debajo de ambos.- -vosotros dos, ajustaos las mascarillas y levantad al que esta encima.-
Los dos soldados obedecieron , apartaron el mostrador y mientras uno cogía los pies el otro trataba de introducir las manos entre los dos cadáveres para así asir de las axilas al que se encontraba encima.
Ellos ya imaginaban que seria una tarea difícil despegar a dos cadáveres que se hubieran parcialmente carbonizado en un incendio pero sorprendentemente consiguieron separarles con facilidad. La luz de la bengala era muy tenue cuando lograron levantar al cadáver y depositarlo en el suelo junto a su compañero de abrazo, asique un soldado comenzó a alumbrar la operación con una linterna de mano.
-Sargento, de estos dos hombres el único que resulto quemado fue el que estaba encima. El otro hombre ya estaba muerto cuando el primero cayó sobre el.-
- eso es imposible. Nadie con unas quemaduras así podría moverse, aparte como sabe que el que estaba abajo ya estaba muerto cuando llego el primero.-
- señor, no hay salpicaduras de sangre en ninguna parte mas allá de aquella esquina de allí, este hombre tubo mucha suerte.-
Un segundo miembro del grupo intercedió en la conversación sarcásticamente -si, ya lo veo, mucha suerte sin duda, ¿por que crees que tubo suerte si esta tan muerto como el otro
El primero, con una mirada sombría y visiblemente preocupado respondió señalando al cadáver que yacía de espaldas en el suelo – tubo suerte porque ya estaba muerto cuando comenzó a comerle, lo que el quemado sujeta en sus manos son parte de los intestinos de nuestro amigo.-
Había llegado la hora de irse.
viernes, 5 de agosto de 2011
Gracias
Los comentarios de los lectores que han leido mi relato "El Día Z" me animan a continuar escribiendo.
Muchisimas gracias a todos. y disfrutad
Muchisimas gracias a todos. y disfrutad
jueves, 4 de agosto de 2011
El Día Z Cap 1 "El Día Z"
Cap 1. EL DIA Z.
Nürnberg, Alemania, Hospital militar 21:33 horas. 29 de noviembre
Adler llevaba trabajando en aquel lugar demasiado tiempo. Al menos en el concepto de tiempo que tiene un ayudante de laboratorio que pasa 12 horas de guardia nocturna vigilando unos cultivos de vete a saber que enfermedad tropical.
Este proyecto llevaba en ejecución casi cuatro años, era mas del doble que cualquier otro en el que hubiera trabajado. No tenia acceso a las cuentas, pero sabia de buena tinta que el coste del mismo era casi astronómico, solo su salario de simple ayudante de control era casi un 50 por ciento mas alto que cualquier otro trabajo al que pudiera acceder en su campo. Incluía una clausula de confidencialidad draconiana en la cual se le prohibía difundir los detalles de su trabajo a cualquier persona, organización o gobierno bajo penas de cárcel y fuertes multas, por momentos llegaba a creer que no era un contrato que estuviera dentro de el marco de la legalidad.
Su trabajo era sencillo, tenia que supervisar la temperatura y ph de las tres placas de cultivo que descansaban en 3 mostradores aislados bajo una mampara hermética de cristal. Normalmente todo se reducía a aburridas noches de televisión y juegos de consola. Si le vieran sus padres... ellos que son tan adictos al trabajo.
Llego al laboratorio del hospital a las 20 horas, resignado pero con el animo de aquel que sabe que cobra demasiado por el trabajo que desempeña.
Se cambio de ropa, dejo en su taquilla su ropa de calle y se puso un cómodo traje verde, de aquellos que casi parecen pijamas y una mascarilla de tela. Sus ordenes eran estrictas. Siempre que caminara fuera de la zona de descanso debía llevar esa incomoda mascarilla para evitar que sus fluidos contaminaran la muestra, cosa harto improbable ya que dichas muestras descansaban, como ya he dicho, en un robusto mamparo hermético con cristales de 2 centímetros y medio de grosor.
Aquellos cultivos debían ser altamente contagiosos para rodearles semejantes medidas de seguridad, nada que pudiera evitar una absurda mascarilla de tela.
Cruzó el área del laboratorio y se metió en el área de descanso, un cuarto aislado de la sala de cultivos por un grueso cristal y una sala de desinfección la cual era la única manera de acceder a ella. Entro en la sala de descanso, en ella había, aparte de los ordenadores de control y los indicadores de estado, una cómoda silla de oficina, un pequeño refrigerador y una nevera donde podía dejar su comida.
Llevaba ya una hora y media trabajando cuando comenzó a escuchar ruidos extraños, sonaban tableteo de mas allá de la sala de laboratorios, como el insistente golpeteo de un pájaro carpintero en un tronco, pero a un volumen muchísimo mayor, siguiendo el procedimiento llamo a el mostrador de información del hospital en busca de alguna explicación, contestó una voz femenina que le informó de un incendio en la zona de cocinas que estaba aun sin control, los bomberos aun no habían llegado.
Esto no le convencía en absoluto, aunque el edificio era muy antiguo disponía de un sistema anti-incendios que tenía menos de dos años, precisamente en las cocinas había un surtidor cada dos metros, muchas veces en las horas muertas se recostaba sobre su silla y pensaba en lo increíble que parecía que este edificio hubiera sido construido por los nazis en un tributo a su Fürer, ya que las sucesivas reformas hicieron de el hospital modelo de Alemania que ademas mantenía en secreto un laboratorio de control y desarrollo de armas bacteriológicas y guerra química.
Llamo al puesto de seguridad, inmediatamente a la entrada del laboratorio, pero no recibió respuesta, el guarda de seguridad que estaba al cargo era un completo idiota que ni se imaginaba lo que estaba guardando, pero se tomaba su trabajo tan en serio que era el único de los que habían pasado por aquel puesto que no pasaba las horas muertas de su turno durmiendo como un bebé, el que ese absoluto gilipollas no respondiera a una llamada a través de un teléfono interno quería decir que algo marchaba cuanto menos mal.
Lo que paso por su cabeza mientras aquellos sonidos se acercaban a su posición se convirtió en una mezcla de miedo y deber. ¿Que debía hacer? Aquellos cultivos eran de una importancia capital, se habían gastado millones en su estudio desde que estaban en ese lugar, el procedimiento en caso de contaminación externa era claro, como con cualquier otro agente infeccioso en estudio tendría que ser destruido mediante la utilización de fuego. Para ello unos tubos cruzaban la cubierta superior de las mamparas, con apretar un botón dos veces todo seria historia, incluido su trabajo.
Su trabajo.... no podía perderlo ahora, pero por otra parte aun no sabia si esos sonidos serían un incendio fuera de control o tan solo unas tuberías viejas reventándose por mil sitios diferentes, mirándolo desde la lejanía en los años, Tomó una mala decisión, se puso su mascarilla y salio al laboratorio con paso decidido, tomo de una de los mostradores una de esas jeringuillas automáticas que se usaban en la experimentación con ratas de laboratorio y se acerco a la mampara numero tres, a través de la esclusa de aislamiento introdujo la jeringuilla en el espacio estanco de la misma y después la recogió del interior de la mampara mediante los guantes de manipulación de los que disponía, sus jefes estarían encantados con que salvara una muestra en caso de emergencia, y en caso de que no pasara nada siempre podría justificar su acción como necesaria para la seguridad del proyecto.
Los tableteos que escuchaba ya con una claridad absoluta se le antojaron en exceso evidentes, se trataba de disparos, y por la insistencia de estos debía ser una masacre, si se fiaba de sus oídos estos se aproximaban desde la misma puerta por la que apenas dos horas antes había entrado al laboratorio.
Tenia que salir de ahí cuanto antes, o no viviría para ver el sol de nuevo.
Todos los centros de investigación de este tipo estaban preparados para casi cualquier tipo de problema que se pudiera presentar, incluidos ataques terroristas o militares, lamentablemente el arsenal de armas de defensa que debía protegerles no estaba a su alcance, y no tenia tiempo de colocar una de esas pesadas barras que servían para blindar las puertas del laboratorio. No, tendría que seguir el protocolo de emergencia en caso de fuego.
Había una segunda entrada a la sala en la que se encontraba. El nunca la había usado pero sabía que era una salida de emergencia que solo se abriría en caso de pulsar la alarma de incendios que tenia tras de el, el único problema era que cuando la pulsara toda la sala se iluminaría en un color rojizo de las luces de emergencia y que aquellos que querían entrar sabrían que alguien estaba tratando de escapar.
Aun así no todo eran problemas, al pulsar el botón también quedarían avisadas las autoridades de seguridad militar de la base y el mando central de Berlín, eso pondría sobre alerta a toda la plana mayor del ejercito alemán que daría caza con eficiencia alemana a todo terrorista que andara por los alrededores.
No había tiempo para mas. Tenia que actuar y decidido pulso la alarma, desbloqueo la puerta y esta comenzó a abrirse pesadamente hacia el exterior, detrás de ella solo podía adivinar un interminable pasillo que acababa en una puerta que tenia pintadas las letras de emergencia.
Apenas había cruzado la puerta cuando una súbita explosión en el recinto del laboratorio le hizo tambalearse y casi caer al suelo, aquellos malnacidos habían volado la puerta de la sala de cultivos, sus voces eran roncas y poderosas, eran de origen árabe, tendría que correr si no quería que le pillaran en aquel pasillo que cada vez se parecía mas a un paredón de fusilamiento.
-ALTO¡¡¡- una voz masculina con acento árabe pero en un alemán muy aceptable le llego desde la puerta de la sala de cultivos.
Adler no paró de correr, la puerta estaba a escasos dos metros cuando noto un fuerte golpe en el pecho, le dejo casi sin respiración pero logro llegar a la puerta y desaparecer tras ella.
Subió unas escaleras ajeno a todo, concentrado en le objetivo de alcanzar el nivel de las calles y buscar refugio en el cercano cuartel de infantería, aquella gesta le llevo tan solo 4 minutos. Salió a la calle y giro a su derecha, buscando la vía de servicio cercana que llevaba a las residencias de los militares, estas le proporcionarían seguridad ya que podría perderse en una de esas estrechas callejuelas y llegar tras atravesaras al cuartel donde estaría a salvo.
Miro atrás, nadie parecía seguirlo, relajo la marcha, apenas tenia ya aliento para continuar a ese ritmo, llego a las casas de los militares que un súbito dolor punzante le hizo bajar la vista hacia su pecho, el color rojo de la sangre empapaba todo su uniforme de trabajo, y la ridícula mascarilla de tela que ni siquiera se había dado cuenta de quitarse al iniciarse la marcha estaba ya manchada de la misma. Era su sangre.
Se puso nervioso, le flojearon las piernas y se apoyó en una pared de una elegante casa de la zona residencial de la base. El aire se escapaba de sus pulmones a través del orificio de salida del proyectil formando burbujas en el de un color escarlata oscuro, su vista se nublo, sabia que se estaba desangrando y a la vez empezaba a ahogarse poco a poco debido a que sus pulmones se encharcaban con sus propios fluidos.
-Señor se encuentra bien- Una voz de hombre joven, casi de niño, le llego desde su espalda. -esta usted herido, por favor déjeme ayudarle.- Unos brazos le agarraron con firmeza y le obligaron a tumbarse en el suelo. - Tiene vd. el pulmón perforado, ¿quien le ha disparado?¿qué está pasando en el hospital?-
Adler ya no podía hablar. Sabía que su vida dependía de que aquel soldado bisoño le llevara al hospital rápidamente. Trató de señalárselo agitando sus manos y mirándole de manera desesperada, pero sabia que aquel chico no se arriesgaría a ir a una zona que parecía verdaderamente peligrosa, probablemente se limitaría a llamar a una ambulancia y esperar a su lado a que otro se encargara de el, deseando por otra parte quitarse de encima tan molesta carga.
Una tremenda explosión sacudió todo el lugar, Adler giro su cabeza en dirección al hospital y tan solo pudo ver una terrible bola de fuego que ascendía a las nubes y se trasformaba en unas llamaradas que solo podían significar una cosa, jamas saldría con vida de esta. Su única salvación acababa de volar por los aires, aunque su improvisado acompañante se arrojo sobre el para protegerle de la honda expansiva y de los cristales que caían de las ventanas de las casas bajas que le rodeaban, jamas llegaría a tiempo de que le atendiera un medico de verdad, su vida desfiló ante sus ojos tal y como había visto en montones de películas y en testimonios de chiflados amantes del misterio de la muerte, se vio a si mismo llamando a las puertas del cielo y pasando al paraíso, viviendo para siempre en su sueño.
Su acompañante aun estaba sobre el, protegiéndole de la nube de polvo que se levanto debido a la explosión cuando tomo la peor de las decisiones en servicio a su país que podría haber tomado en su vida, en un ultimo movimiento veloz levanto su brazo e inoculó la muestra del cultivo de la mampara numero tres al pobre muchacho que le protegía, este apenas se quejo, posiblemente pensaría que algún cristal volante se le había clavado en el costado. Acto seguido dejó caer la pistola-jeringuilla a su lado y se dejó llevar.
Su nombre era Adler Eflenberg, y con su último acto de sacrificio abrió las puertas del infierno en la tierra y contribuyó de manera decisiva en la muerte del 98% de la población humana.
Nürnberg, Alemania, Hospital militar 21:33 horas. 29 de noviembre
Adler llevaba trabajando en aquel lugar demasiado tiempo. Al menos en el concepto de tiempo que tiene un ayudante de laboratorio que pasa 12 horas de guardia nocturna vigilando unos cultivos de vete a saber que enfermedad tropical.
Este proyecto llevaba en ejecución casi cuatro años, era mas del doble que cualquier otro en el que hubiera trabajado. No tenia acceso a las cuentas, pero sabia de buena tinta que el coste del mismo era casi astronómico, solo su salario de simple ayudante de control era casi un 50 por ciento mas alto que cualquier otro trabajo al que pudiera acceder en su campo. Incluía una clausula de confidencialidad draconiana en la cual se le prohibía difundir los detalles de su trabajo a cualquier persona, organización o gobierno bajo penas de cárcel y fuertes multas, por momentos llegaba a creer que no era un contrato que estuviera dentro de el marco de la legalidad.
Su trabajo era sencillo, tenia que supervisar la temperatura y ph de las tres placas de cultivo que descansaban en 3 mostradores aislados bajo una mampara hermética de cristal. Normalmente todo se reducía a aburridas noches de televisión y juegos de consola. Si le vieran sus padres... ellos que son tan adictos al trabajo.
Llego al laboratorio del hospital a las 20 horas, resignado pero con el animo de aquel que sabe que cobra demasiado por el trabajo que desempeña.
Se cambio de ropa, dejo en su taquilla su ropa de calle y se puso un cómodo traje verde, de aquellos que casi parecen pijamas y una mascarilla de tela. Sus ordenes eran estrictas. Siempre que caminara fuera de la zona de descanso debía llevar esa incomoda mascarilla para evitar que sus fluidos contaminaran la muestra, cosa harto improbable ya que dichas muestras descansaban, como ya he dicho, en un robusto mamparo hermético con cristales de 2 centímetros y medio de grosor.
Aquellos cultivos debían ser altamente contagiosos para rodearles semejantes medidas de seguridad, nada que pudiera evitar una absurda mascarilla de tela.
Cruzó el área del laboratorio y se metió en el área de descanso, un cuarto aislado de la sala de cultivos por un grueso cristal y una sala de desinfección la cual era la única manera de acceder a ella. Entro en la sala de descanso, en ella había, aparte de los ordenadores de control y los indicadores de estado, una cómoda silla de oficina, un pequeño refrigerador y una nevera donde podía dejar su comida.
Llevaba ya una hora y media trabajando cuando comenzó a escuchar ruidos extraños, sonaban tableteo de mas allá de la sala de laboratorios, como el insistente golpeteo de un pájaro carpintero en un tronco, pero a un volumen muchísimo mayor, siguiendo el procedimiento llamo a el mostrador de información del hospital en busca de alguna explicación, contestó una voz femenina que le informó de un incendio en la zona de cocinas que estaba aun sin control, los bomberos aun no habían llegado.
Esto no le convencía en absoluto, aunque el edificio era muy antiguo disponía de un sistema anti-incendios que tenía menos de dos años, precisamente en las cocinas había un surtidor cada dos metros, muchas veces en las horas muertas se recostaba sobre su silla y pensaba en lo increíble que parecía que este edificio hubiera sido construido por los nazis en un tributo a su Fürer, ya que las sucesivas reformas hicieron de el hospital modelo de Alemania que ademas mantenía en secreto un laboratorio de control y desarrollo de armas bacteriológicas y guerra química.
Llamo al puesto de seguridad, inmediatamente a la entrada del laboratorio, pero no recibió respuesta, el guarda de seguridad que estaba al cargo era un completo idiota que ni se imaginaba lo que estaba guardando, pero se tomaba su trabajo tan en serio que era el único de los que habían pasado por aquel puesto que no pasaba las horas muertas de su turno durmiendo como un bebé, el que ese absoluto gilipollas no respondiera a una llamada a través de un teléfono interno quería decir que algo marchaba cuanto menos mal.
Lo que paso por su cabeza mientras aquellos sonidos se acercaban a su posición se convirtió en una mezcla de miedo y deber. ¿Que debía hacer? Aquellos cultivos eran de una importancia capital, se habían gastado millones en su estudio desde que estaban en ese lugar, el procedimiento en caso de contaminación externa era claro, como con cualquier otro agente infeccioso en estudio tendría que ser destruido mediante la utilización de fuego. Para ello unos tubos cruzaban la cubierta superior de las mamparas, con apretar un botón dos veces todo seria historia, incluido su trabajo.
Su trabajo.... no podía perderlo ahora, pero por otra parte aun no sabia si esos sonidos serían un incendio fuera de control o tan solo unas tuberías viejas reventándose por mil sitios diferentes, mirándolo desde la lejanía en los años, Tomó una mala decisión, se puso su mascarilla y salio al laboratorio con paso decidido, tomo de una de los mostradores una de esas jeringuillas automáticas que se usaban en la experimentación con ratas de laboratorio y se acerco a la mampara numero tres, a través de la esclusa de aislamiento introdujo la jeringuilla en el espacio estanco de la misma y después la recogió del interior de la mampara mediante los guantes de manipulación de los que disponía, sus jefes estarían encantados con que salvara una muestra en caso de emergencia, y en caso de que no pasara nada siempre podría justificar su acción como necesaria para la seguridad del proyecto.
Los tableteos que escuchaba ya con una claridad absoluta se le antojaron en exceso evidentes, se trataba de disparos, y por la insistencia de estos debía ser una masacre, si se fiaba de sus oídos estos se aproximaban desde la misma puerta por la que apenas dos horas antes había entrado al laboratorio.
Tenia que salir de ahí cuanto antes, o no viviría para ver el sol de nuevo.
Todos los centros de investigación de este tipo estaban preparados para casi cualquier tipo de problema que se pudiera presentar, incluidos ataques terroristas o militares, lamentablemente el arsenal de armas de defensa que debía protegerles no estaba a su alcance, y no tenia tiempo de colocar una de esas pesadas barras que servían para blindar las puertas del laboratorio. No, tendría que seguir el protocolo de emergencia en caso de fuego.
Había una segunda entrada a la sala en la que se encontraba. El nunca la había usado pero sabía que era una salida de emergencia que solo se abriría en caso de pulsar la alarma de incendios que tenia tras de el, el único problema era que cuando la pulsara toda la sala se iluminaría en un color rojizo de las luces de emergencia y que aquellos que querían entrar sabrían que alguien estaba tratando de escapar.
Aun así no todo eran problemas, al pulsar el botón también quedarían avisadas las autoridades de seguridad militar de la base y el mando central de Berlín, eso pondría sobre alerta a toda la plana mayor del ejercito alemán que daría caza con eficiencia alemana a todo terrorista que andara por los alrededores.
No había tiempo para mas. Tenia que actuar y decidido pulso la alarma, desbloqueo la puerta y esta comenzó a abrirse pesadamente hacia el exterior, detrás de ella solo podía adivinar un interminable pasillo que acababa en una puerta que tenia pintadas las letras de emergencia.
Apenas había cruzado la puerta cuando una súbita explosión en el recinto del laboratorio le hizo tambalearse y casi caer al suelo, aquellos malnacidos habían volado la puerta de la sala de cultivos, sus voces eran roncas y poderosas, eran de origen árabe, tendría que correr si no quería que le pillaran en aquel pasillo que cada vez se parecía mas a un paredón de fusilamiento.
-ALTO¡¡¡- una voz masculina con acento árabe pero en un alemán muy aceptable le llego desde la puerta de la sala de cultivos.
Adler no paró de correr, la puerta estaba a escasos dos metros cuando noto un fuerte golpe en el pecho, le dejo casi sin respiración pero logro llegar a la puerta y desaparecer tras ella.
Subió unas escaleras ajeno a todo, concentrado en le objetivo de alcanzar el nivel de las calles y buscar refugio en el cercano cuartel de infantería, aquella gesta le llevo tan solo 4 minutos. Salió a la calle y giro a su derecha, buscando la vía de servicio cercana que llevaba a las residencias de los militares, estas le proporcionarían seguridad ya que podría perderse en una de esas estrechas callejuelas y llegar tras atravesaras al cuartel donde estaría a salvo.
Miro atrás, nadie parecía seguirlo, relajo la marcha, apenas tenia ya aliento para continuar a ese ritmo, llego a las casas de los militares que un súbito dolor punzante le hizo bajar la vista hacia su pecho, el color rojo de la sangre empapaba todo su uniforme de trabajo, y la ridícula mascarilla de tela que ni siquiera se había dado cuenta de quitarse al iniciarse la marcha estaba ya manchada de la misma. Era su sangre.
Se puso nervioso, le flojearon las piernas y se apoyó en una pared de una elegante casa de la zona residencial de la base. El aire se escapaba de sus pulmones a través del orificio de salida del proyectil formando burbujas en el de un color escarlata oscuro, su vista se nublo, sabia que se estaba desangrando y a la vez empezaba a ahogarse poco a poco debido a que sus pulmones se encharcaban con sus propios fluidos.
-Señor se encuentra bien- Una voz de hombre joven, casi de niño, le llego desde su espalda. -esta usted herido, por favor déjeme ayudarle.- Unos brazos le agarraron con firmeza y le obligaron a tumbarse en el suelo. - Tiene vd. el pulmón perforado, ¿quien le ha disparado?¿qué está pasando en el hospital?-
Adler ya no podía hablar. Sabía que su vida dependía de que aquel soldado bisoño le llevara al hospital rápidamente. Trató de señalárselo agitando sus manos y mirándole de manera desesperada, pero sabia que aquel chico no se arriesgaría a ir a una zona que parecía verdaderamente peligrosa, probablemente se limitaría a llamar a una ambulancia y esperar a su lado a que otro se encargara de el, deseando por otra parte quitarse de encima tan molesta carga.
Una tremenda explosión sacudió todo el lugar, Adler giro su cabeza en dirección al hospital y tan solo pudo ver una terrible bola de fuego que ascendía a las nubes y se trasformaba en unas llamaradas que solo podían significar una cosa, jamas saldría con vida de esta. Su única salvación acababa de volar por los aires, aunque su improvisado acompañante se arrojo sobre el para protegerle de la honda expansiva y de los cristales que caían de las ventanas de las casas bajas que le rodeaban, jamas llegaría a tiempo de que le atendiera un medico de verdad, su vida desfiló ante sus ojos tal y como había visto en montones de películas y en testimonios de chiflados amantes del misterio de la muerte, se vio a si mismo llamando a las puertas del cielo y pasando al paraíso, viviendo para siempre en su sueño.
Su acompañante aun estaba sobre el, protegiéndole de la nube de polvo que se levanto debido a la explosión cuando tomo la peor de las decisiones en servicio a su país que podría haber tomado en su vida, en un ultimo movimiento veloz levanto su brazo e inoculó la muestra del cultivo de la mampara numero tres al pobre muchacho que le protegía, este apenas se quejo, posiblemente pensaría que algún cristal volante se le había clavado en el costado. Acto seguido dejó caer la pistola-jeringuilla a su lado y se dejó llevar.
Su nombre era Adler Eflenberg, y con su último acto de sacrificio abrió las puertas del infierno en la tierra y contribuyó de manera decisiva en la muerte del 98% de la población humana.
"El día Z" prólogo
Nadie tiene la culpa de las catástrofes.
Un volcán, una gran inundación, un incendio, terremotos. Todas estas cosas han segado la vida de millones de personas a lo largo de la historia.
El ultimo gran cataclismo que vivió la civilización apenas pudo ser documentado, poca gente sabe como comenzó pero acabo con la vida de mas del 40% de la población mundial solo en la primera semana.
Todo comenzó con un caso, un paciente cero, con el paso de los años se descubrió quien era, el pobre imbécil incubó el virus durante cuatro días sin saberlo, hasta que un tres de diciembre por la noche dejó de respirar y extendió este mal por el mundo
Mi historia comienza una tarde de noviembre de ese mismo año, muy lejos de todo, unos días antes de que todo se fuera a la mierda.
Me encontraba en casa pasando la tarde, una tarde mas entre libros, tele basura y ordenadores.
No me considero un chico especial, no soy especialmente deportista, de pequeño quizás tuviera mas movilidad pero desde que compre esta casa sufría de una escasez crónica de liquidez monetaria que me condenaba a permanecer esclavizado entre cuatro paredes sin mas comunicación fuera del trabajo que la que obtenía de mi constante navegación por la red.
Mentiría si dijera que me agobiaba esta situación, en realidad había conseguido lo que quería, cualquier persona que compra una casa desea pasar tiempo en ella, relajando y dedicado a aquellas cosas que mas le gustan, se podría decir que hacia en todo momento mi voluntad.
Tenia una novia en aquel tiempo, vivíamos en relativa armonía, en un equilibrio entre lo que debíamos hacer y lo que hacíamos. Ella vivía en la ciudad asique muchos días no dormíamos juntos, aquella noche no fue una de ellas. Estábamos cenando cuando escuchamos lo del accidente en las noticias.
Una explosión en un hospital alemán, se llevo la vida de mas de 500 personas, entre pacientes, familiares y personal sanitario.
Para entender lo que pasó hay que saber cuando comenzó todo, cuando en nuestro afán de conocimiento destruimos a nuestra propia especie. Que resortes se accionaron el Día Z para que abriéramos la Caja de Pandora.
Nadie tiene la culpa de las catástrofes.
Y una mierda...
Un volcán, una gran inundación, un incendio, terremotos. Todas estas cosas han segado la vida de millones de personas a lo largo de la historia.
El ultimo gran cataclismo que vivió la civilización apenas pudo ser documentado, poca gente sabe como comenzó pero acabo con la vida de mas del 40% de la población mundial solo en la primera semana.
Todo comenzó con un caso, un paciente cero, con el paso de los años se descubrió quien era, el pobre imbécil incubó el virus durante cuatro días sin saberlo, hasta que un tres de diciembre por la noche dejó de respirar y extendió este mal por el mundo
Mi historia comienza una tarde de noviembre de ese mismo año, muy lejos de todo, unos días antes de que todo se fuera a la mierda.
Me encontraba en casa pasando la tarde, una tarde mas entre libros, tele basura y ordenadores.
No me considero un chico especial, no soy especialmente deportista, de pequeño quizás tuviera mas movilidad pero desde que compre esta casa sufría de una escasez crónica de liquidez monetaria que me condenaba a permanecer esclavizado entre cuatro paredes sin mas comunicación fuera del trabajo que la que obtenía de mi constante navegación por la red.
Mentiría si dijera que me agobiaba esta situación, en realidad había conseguido lo que quería, cualquier persona que compra una casa desea pasar tiempo en ella, relajando y dedicado a aquellas cosas que mas le gustan, se podría decir que hacia en todo momento mi voluntad.
Tenia una novia en aquel tiempo, vivíamos en relativa armonía, en un equilibrio entre lo que debíamos hacer y lo que hacíamos. Ella vivía en la ciudad asique muchos días no dormíamos juntos, aquella noche no fue una de ellas. Estábamos cenando cuando escuchamos lo del accidente en las noticias.
Una explosión en un hospital alemán, se llevo la vida de mas de 500 personas, entre pacientes, familiares y personal sanitario.
Para entender lo que pasó hay que saber cuando comenzó todo, cuando en nuestro afán de conocimiento destruimos a nuestra propia especie. Que resortes se accionaron el Día Z para que abriéramos la Caja de Pandora.
Nadie tiene la culpa de las catástrofes.
Y una mierda...
Relato / Proyecto de novela.
Recientemente me he lanzado a la piscina de escribir mi propia novela que querría compartir con todos vosotros. la iré editando a medida que la escriba.
Espero que os guste.
Espero que os guste.
lunes, 25 de julio de 2011
Tardes de fiesta
Parece mentira lo mucho que puede cambiar un jornada, a lo sumo rutinaria, cuando se encuentra algo interesante que hacer.
Lo mucho que puede dar de si jugar a "Atrapa un millón" online
Tiempo de volver a la dura realidad.
Lo mucho que puede dar de si jugar a "Atrapa un millón" online
Tiempo de volver a la dura realidad.
miércoles, 8 de junio de 2011
"V" de Vibrante.

Confieso que leí esta novela gráfica hace un par de años inspirado por la (a mis humildes ojos) increible película del 2006 protagonizada por Hugo Weaving y Natalie Portman. Sin embargo durante una limpieza rutinaria de mis estanterías rescate del sueño de los justos esta increíble historia que empezaron a publicar en 1982 Alan Moore y David LLoyd.
Los cambios con respecto a dicha novela que hizo la película son substanciales, de principio a fin, pero eso es algo a lo que debemos acostumbrarnos cuando queremos ver una de estas adaptaciones, ya que en el cine no se suele disponer de un cheque en blanco como se tiene en la imaginación de un autor con talento, por todo esto creo que hay que ver la película desde la tolerancia a las licencias cinematográficas que el guión de los hermanos Wachowsky se tomaron.
El protagonista, de nombre "V", que podemos ver en la novela es tremendamente inteligente e idealista, un hombre que harto de la sociedad racista y autoritaria que le ha tocado vivir (y sufrir en sus carnes) decide hacer lo imposible para mejorar las cosas.
La protagonista Evey Hamond es una joven muy joven que día a día ve como sus recursos merman y el hambre comienza a llamar a su puerta, lo cual hace que tome una decisión limite que desembocará en el primer encuentro con el misterioso enmascarado.
desde este punto poco puedo decir que no revele partes de la historia, tan solo diré que el peso de personajes secundarios, que incluso desaparecen del guión cinematográfico hace que se trate de dos historias parecidas, pero con amplias diferencias en el fondo.
Una gran novela que se pone a la altura de un gran libro cuando queremos aderezar la lectura con los impresionantes dibujos de David LLoyd.
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